domingo, 20 de noviembre de 2011

La voz de Beatriz Salas


Agracedimiento al blog de Beatriz Salas...A mi manera

Mi más sincero y emocionado agradecimiento a Beatriz Salas del  blog Beatriz Salas... A mi manera que ha tenido la deferencia de seleccionar uno de mis relatos Los espejos que se miran y ponerle su magnífica voz, sus registros, entonación… que le dan otra dimensión al texto.

Quiero darle las gracias a Ruth M. Casas Gumiel que eligió tan acertadamente una música de Canarias y que suena maravillosamente junto a la voz de Beatriz Salas.
Me gustó mucho la ilustración de Rosario Rebull.

Realmente estoy muy feliz y muy honrada con el resultado.
Gracias, muchas gracias




domingo, 13 de noviembre de 2011

Recordadme en los libros que no leeré

La muerte ha sido generosa conmigo, me dio toda una vida para gastarla y ahora se ha cobrado su parte. No la odio, en realidad ni siquiera la conoceré. Todo lo que sé de ella lo he leído en los libros, la he visto en las películas filosóficas como esas que hacen los nórdicos, en las tragedias que resuenan en la caracola del tiempo desde el primigenio instante en que el hombre se dio por vivo. No estoy, fui y solo seré mientras alguno de ustedes me piense de vez en cuando. Puedo imaginármelos en estas últimas horas. Encuentros de unos con otros después de largos períodos sin verse, mintiéndose, que están iguales, que no han cambiado, incluso se atreverán a decir que es una pena lo de mi muerte, un hombre bien conservado y joven aún; tengo, tenía, setenta y cinco años, ¡cielos que se es joven a los veinte! Pero claro si ustedes aceptan mi senectud tendrían que admitir la vuestra, tamaño dislate. Como si así pudieran esquivar a la parca. No tuve inconveniente en rendirme ante los designios de la edad cuando las goletas singlaban desplegando sus velas hacia mí y mi mástil no izaba la bandera de guerra más allá de la botavara.

Meridiano Víctor Álamo de la Rosa



Cuando me adentré chapaleando en Mareas y marmullos descubrí una mar salpicada por diecisiete islas y me propuse asaltar el barco de la lectura y arribar a cada puerto siguiendo la carta de navegación cortaziana. Cada relato es una isla continente emergida en diferentes etapas. Sin embargo, el lector encuentra un archipiélago Víctor Álamo compacto, una geografía común aunque con matices diferenciadores. Esa argamasa transparente que los une, comporta un trabajo de mar de fondo intenso. La maravilla de este ingenio literario, esta ausencia de textura apergaminada y gastada, es el resultado de un pormenorizado oficio. Los textos nos llegan poblados de personajes, de historias sacadas de los barrancos, de las mareas, de las voces marmulleantes —empleando un victorlogismo—, de la abuela Marina Jacobina, de cada uno de los habitantes del mundo de la Isla Menor que brillan bajo la luz del sol o al candil de la luna. Entre el drama cotidiano y la tragedia de vivir. El lector lee con fluidez y apasionamiento, con ansia o curiosidad incursionando en el interior de los relatos como si acabaran de emerger a las páginas.