martes, 8 de agosto de 2017

San Francisco Summer of Love






Este verano, días después de salir de San Francisco, en un hotel de Nevada, escribí un microrrelato donde la infancia y el recuerdo de una mañana me asaltó, de nuevo, por las calles de esa ciudad literaria que celebra los cincuenta años del nacimiento del movimiento hippie. Antes, en diciembre de 2014, había escrito y publicado en Canarias Cultura un relato basado en ese encuentro y que, sin dejar de ser ficción, parte de acontecimientos en Bórcor

Se puede leer en este enlace: La sonrisa iluminada





San Francisco Summer of Love
(Microrrelato, 2017)

San Francisco es un vibrante poema con cadencia de jazz y sonido a rock. Calles interminables trepan o descienden en viejos tranvías de cable. Vagabundos varados como versos sueltos en sus aceras y resonancias psicodélicas en sus parques. Buda en las equinas y el Zen extraviado en el Distrito Financiero. Tiene flores en el pelo que, los hippies de Height Ashbury, dejaron colgadas en los puentes dorados que unieron generaciones y sueños. 
Ando a prisa porque el tiempo se diluye como hielo en el whisky de un poeta olvidado. Mis pasos casi vuelan por la avenida Columbus. Janis Joplin, isla desgarrada, flota en la bahía. Me asalta, de pronto, la mirada azul del hippie de barba rubia que encontré, una mañana de mi infancia, en el patio de casa. Contemplaba los rosales de mamá. “Haz el amor y no la guerra” leí curiosa en su camiseta vieja y decolorada. Imagen que me acompaña  hasta la esquina con Broadway. Allí, al otro lado de la calle, inclinada hacia el Café Vesubio aparece la Librería City Lights. Entro con ansiedad de lectora sedienta. Zigzagueo entre estrechos pasillos de libros hasta desembocar en una escalera que sube a la sala de los versos. Asciendo a aquel paraíso y dos ventanas iluminan la habitación de los poetas. Respiro hondo. Entre aquellos anaqueles, donde me espera la generación Beat, comenzó el poder de las flores, el verano del amor, el lanzar libros y no bombas, y la sonrisa del hippie que venía a sentarse al jardín familiar de Bórcor. 
En el silencio de la librería y los poemas que incitan desde los estantes, queda el humo perfumado de nostalgia, las alas rítmicas y coloreadas de las canciones y, en el camino,  poesía.


Librería City Lights Bookstore& Publishers en Columbus Ave.
Algunas imágenes de Hight Ahsbury, el lugar de San Francisco donde se inició el movimiento hippies en el verano de 1967:















jueves, 22 de junio de 2017

Las buenas horas literarias








«Nos quedamos largas horas sentados sobre las cajas, hablando de nuestros autores favoritos, recitando poesías y recordando pasajes de viejas novelas»

Cuando el lector se sienta ante un libro, y lo abre por primera vez, siente lo mismo que quien está a punto de echar a volar: inquietud, abismo y cielo. A este instante único, con Las horas derramadas de Pablo Di Marco, ganadora del XXI Premio de Novela Ategua, se sumaron tres circunstancias que configuraron la aventura de desembarcar a las puertas de sus páginas.
De viaje por Argentina, una amiga común valenciana, Celia Corróns, nos pone en contacto. Intercambiamos mensajes y nos citamos en Palermo. Lattente ofrece buen café. Una tarde cálida de febrero nos encontramos en el pequeño local. A esa hora estaba muy concurrido y no fue posible tomarlo allí. Sin embargo, la siguiente elección de Pablo Di Marco, fue muy acertada, la Librería del Pasaje. Recuerdo, entre libros, aquella conversación de literatura y sus caminos. Hablamos de la suerte y de la importancia de escribir sin la obsesión de publicar. De la sorpresa e incredulidad ante los premios, de las fuentes inagotables de historias de taxistas y pasajeros. Sin embargo, este autor al que acababa de conocer, no me habló de su escritura, de sus obras, de su literatura. Su humildad y cercanía me hizo intuir que debía ser un buen escritor, pero no solo de los que escriben bien, sino de los que, además, hacen literatura en la acepción más amplia, profunda y trascendente del término. Es de los que prefieren que los lectores lo busquen en sus páginas. Y, aquello me produjo la enorme curiosidad literaria de adentrarme en sus novelas.
Nada más llegar a Tenerife, acudí a una librería de La Laguna y pedí Las horas derramadas. Novela que se encontraba ya en una librería de Las Palmas de Gran Canaria. Pese a la cercanía, la distribución de libros en las Islas a veces navega por todos los océanos, da la vuelta al mundo y  hasta, en ocasiones, hace escala en Marte. Las semanas transcurrían sin que el libro solicitado arribara. Por fin recibo un mensaje de la librería donde me anuncia la buena noticia. Y acudo con la alegría de ir a buscar a un amigo esperado.
Pero un tercer acontecimiento, me lleva a aplazar la incursión en Las horas derramadas. Una inesperada complicación ocular me impide leer durante un tiempo. Si cabe, este aplazamiento fue el más doliente, por cuanto ya había empezado la lectura de la novela y estaba atrapada en las galerías de sus renglones.
La pasión lectora, no consiste, únicamente, en el acto en sí. Le anteceden historias que enriquecen el momento de abrir el libro y, después de la página final, nuevos caminos se abren tan apasionados como los vividos, tan sugerentes como para desear leer más obras del autor.

Las horas derramadas, primero es la luz lateral que entra por un ventanal y se aleja, en perspectiva, por una nave abovedada, entre medieval y neogótica. Bajo arcos de medio punto, las líneas confluyen en un monje barbado que lee entre columnas de libros. Portada de Ariel Olivetti, que nos incita a averiguar qué contempla el cartujo en el libro abierto que sostiene entre sus manos.

«La mirada de Gabriel se precipitó en esa inmensidad de libros. Calculó miles, decenas de miles. Los envidió: ellos permanecían en sus anaqueles, imperturbables, ajenos a la tragedia.»

La novela de Pablo Di Marco fluye en un tempo rápido y vivaz. Desde la primera página, el lector se sumerge en la historia de Gabriel Desalvo y, con él, camina y asiste asombrado, interrogado, curioso, conmocionado y emocionado a los laberintos por los que transita, a la fugacidad de su tiempo, a la oscuridad y misterio de sus sótanos y a los ecos de luces y sombras, que vienen y van, entre el pasado y el presente.

Las horas derramadas transcurre en un lugar imaginario: La Isla, en una atmósfera de trazos fantásticos, en una sociedad gris, anodina, sin alicientes, vigilada, controlada, donde el libro, la poesía, las librerías han desaparecido y las bibliotecas yacen olvidadas bajo los escombros. No es un mundo aislado que transcurre en el espacio de la novela. Pronto, nos percatamos que conocemos esa sociedad y la condición humana que la genera y la sostiene. Más allá de la defensa encendida del libro y sus mundos, el autor plantea que la salvación del ser humano, en la brizna de su vida, precisa del arte. La literatura, la poesía como dice Gabriel Celaya «es un arma cargada de futuro». Allá donde la sensibilidad y la lírica desaparecen, la vida transcurre sin ser vivida. Cautiva de la nada, de la inercia, expuesta al peligroso mundo sin lectura.

El tiempo perdido que impregna la novela, casi como un personaje más, ahonda e indaga en las consecuencias de su paso imparable, inevitable, inexorable. Una reflexión filosófica que envuelve a Gabriel Desalvo, quién, cuarenta años después de desaparecer, ya anciano, se plantea qué fue de sus esperanzas, qué quiso ser, qué buscó y qué abandonó, qué perdió, qué ignoró; dónde el amor, los amigos, la ciudad y sus cuadras, por qué, cuándo y hacia dónde. 

Las horas derramadas escrita en tercera persona, nos lleva en volandas y nos conduce por los recovecos y profundidades del ser humano: sus temores, sus fracasos o su inacción. Una mirada reflexiva, desde su época de Sísifo asalariado de La Empresa a lo qué la vejez le revela. 

La prosa ágil de Pablo Di Marco, con intensas imágenes poéticas, nos llevan a una extraordinaria calidad estilística y narrativa. La poesía presente en la cuidada prosa, también aparece en poemas, ventanas que se abren en medio del aire denso y turbio de una sociedad que ha perdido el aliciente del lirismo. La sólida y clara significación de los diferentes personajes que recorren los capítulos, breves pero intensos. La estructura consolidada de la novela, el lenguaje preciso, la riqueza imaginativa, las metáforas que encierra, la reivindicación de la creación literaria, encarnada   en Aída, la mujer que nunca dejó de esperar a Gabriel Desalvo, y cuyos poemas y  relatos son el asidero, la esperanza y la luz que alumbra el camino de regreso. Los momentos entre lo real maravilloso y cierta atmósfera que nos evoca a La carretera de Cormack McCarthy, nos llevan a la certeza de que se trata de una novela con mucho futuro en la historia de la literatura argentina. La misma que asiste a Pablo Di Marco, una de las voces más importantes de la nueva narrativa de su país.
Sin duda, una novela sumamente recomendable para los lectores que les apasionan las historias que atrapan desde la literatura de calidad.

«Estaba a punto de tirar la tarjeta en un tacho, cuando unos ligeros trazos en tinta violácea comenzaron a aparecer. Una prolija caligrafía iba tomando forma y, en algunos segundos, se trazó ante los ojos de Gabriel un ahilera de líneas. ¿Un poema?

Las horas derramadas
Ganadora XXI Premio de Novela Ategua
Ed. Trifaldi, 2016



Pablo Di Marco nació en Buenos Aires en 1972. Escritor reconocido y premiado, es uno de los autores más relevantes de la narrativa actual argentina.
 Además de Las horas derramadas, ha publicado Tríptico del desamparo, ganadora de la I Bienal Internacional de Novela José Eustaquio Rivera, en Colombia, y Espiral, finalista del  XIX Premio de Novela Ciudad de Badajoz.
Es corresponsal de la revista Libros & Letras de Bogotá, y  también participa con la sección Un café en Buenos Aires, donde realiza entrevistas a escritores, editores y personas relacionadas y vinculadas con el mundo del libro y la literatura.








jueves, 25 de mayo de 2017

Los espejos que se miran en Valencia





Los espejos que se miran, el 26, 27 y 28, estará en Publishing Circus en el Palo Market Fest.
Los Viveros, Valencia 

domingo, 14 de mayo de 2017

FARO AL SUR






Declarado de interés cultural y municipal por la municipalidad de Necochea, FARO AL SUR es un programa radiofónico cultural que conduce el escritor Juan Manuel Montero Lacasa. Se emite  cada viernes de 18:00 a 20:00, hora argentina (22:00 a 24 hora canaria), La Voz FM 89.3 en este enlace: LA VOZ FM 89.3, antes La Voz de Quequén. Se puede ver en directo a través de Ustream. Posteriormente, en Youtube.
También se retransmite los sábados por Mínima FM 97.9, desde Tenerife, a las 18:00, hora en las Islas Canarias.








Bajo la conducción, presentación, coordinación, guión de espacios, del escritor Juan Manuel Montero Lacasa con su  visión amena, entretenida y culta. Un escritor que conoció y cenó con Julio Cortázar. Faro al Sur está configurado por distintos espacios de literatura, arte, cine, teatro, música, cómic y cuantos aspectos y eventos se le relacionan. Intervienen la voz pausada y poética de Alejandra Palano, la mirada literaria minuciosa del  escritor de microrrelatos José Rshaid con su espacio ¿Qué estás leyendo?, la deliciosa e ilustrada pedagogía que de creadores, corrientes y técnicas artísticas realiza Ely Battistella en su sección de Arte, invitados que abarcan todo el espectro cultural como los actores Laura Lago, Meli Becherucci y Gustavo Olivera, la socióloga Mónica Bouyssede, actuaciones en directo de la cantante Marita Ventuala, el trío de música barroca Gigue. También con Daniel H. Picardi y Paola Ricci. Estuvo, Daniel Pacheco.
Mi colaboración se enmarca dentro de la sección Poesía que viene. En este hermoso tiempo, desde que participo hemos hablado del poeta irlandés Seamus Heaney, La poesía es un arma cargada de futuro de Gabriel Celaya, Federico García Lorca en Buenos Aires, Emily Dickinson, poesía versada en libros,Virginia Woolfla poesía musicada y ... las que están por venir.
Es un honor participar en un programa que apuesta por la cultura desde la amenidad pero también desde el compromiso por difundir el arte en todos sus variantes. Y en lo que, desde su acepción más amplia, tiene de conocimiento, bienestar emocional y felicidad. Un programa del que aprendo cada viernes nuevos contenidos, nuevas ópticas, diferentes visiones ..., todo desde la escucha atenta y sin renunciar al divertimento.
Con la luz sonora y destellante de FARO AL SUR, los viernes son la Ítaca de cada semana.
Como dice su alma mater y conductor Juan Manuel Montero Lacasa «un programa para escuchar, ver y atesorar.»
Gracias a su conductor por este honor de invitarme a participar en un programa que, tanto y tan bien, se ocupa y dedica a la cultura y por establecer la comunicación en directo a larga distancia, desde Quequén, Argentina hasta Canarias, Tenerife, pero siempre desde la cercanía y la proximidad de la palabra y la amistad.
También mi agradecimiento a Graciela Acha.







FARO AL SUR  en Youtube:


30 de Junio de 2017

23 de Junio de 2017

16 de junio de 2017


2 de Junio de 1017

26 de mayo de 2017


19 de mayo de 2017

12 de mayo de 2017

5 de mayo de 2017

29 de abril de 2017


21 de abril de 2017


7 de abril de 2017


31 de marzo de 2017

24 de marzo de 2017

17 de marzo de 2017

Los enlaces corresponden a los programas del 17 de marzo en adelante. Las emisiones anteriores de FARO AL SUR, también se pueden encontrar en Youtube.

martes, 14 de marzo de 2017

Caminito literario desde las páginas de un sueño











El acto de entrega de premios de I Certamen Literario Internacional Pleamar del Microrrelato Romántico en Quequén, Necochea, provincia de Buenos Aires, me llevó a un encuentro tan enriquecedor como mágico, tan inesperado como hondo, tan inolvidable como historias por contar.
Hay muchas clases de viajes. Todos van a Ítaca. Los que se realizan a otros lugares, países o ciudades. Los que no se ven ni se conocen pero que nos conmocionan y nos cambian: son los viajes a nuestro interior. Están los que navegan en la imaginación, en los deseos o en sueños. Y los que comienzan en la primera página de un libro y continúan en la última. Así me ocurrió con Argentina.
La azotea de la casa familiar en Arafo (Bórcor literario) fue mi sala de lectura durante mi infancia y adolescencia. La cumbre horadada por barrancos, surcada por coladas de lava y abrigada bajo los pinos, al norte. La montaña de Güímar, Gran Canaria en el horizonte y el ancho camino que forma la mar, al sur. Las laderas a este y oeste y por techo un cielo azul, gris, ocre, rojizo, pardusco, según las nubes o los atardeceres. Y entre mis manos los libros en préstamo de la Biblioteca Pública de Arafo.  



La primera vez que recorrí las calles de Buenos Aires, fue con la lectura de los cuentos y poemas de Jorge Luis Borges y Julio Cortázar.
Cuando conocí la ciudad porteña: las avenidas, las calles, las esquinas, cafés, plazas o parques me eran reconocibles. He vuelto, y mi mirada recorre la ciudad entre las páginas que releo y los espacios que quedan entre renglón y renglón. Es la ciudad por la que anhelé caminar en la adolescencia y sus librerías y sus gentes,  lo hacen posible.


La ciudad, a media mañana, estaba en calma, sin ruidos que la perturbaran. Por un instante pensé "silencio, Buenos Aires escribe».
Me encontré de nuevo con la Torre de los Ingleses, donde Clara y su acompañante se bajaron del Ómnibus de Cortázar. Buenos Aires son muchos relatos que se elevan de cuadra en cuadra, discurren por las calles y por las avenidas que parecen no tener fin. Cuentos contados, agazapados, ocultos o aún por ser escritos pero en cada paso, en cada mirada descubro versos que buscan por las esquinas el poema que los ampare. Y me detengo, los siento y me conmueven y, desde el primer día de mi llegada, antes de partir de la ciudad, ya quiero volver. 





La tarde fue un espectáculo de libros en el Ateneo Gran Esplendid. Un paraíso donde se representan millares de páginas, palcos de sala de lecturas y un escenario, tras el telón, donde los lectores-actores-protagonistas toman café y buscan, en un libro abierto, a su autor. Inaudible aún se escucha la voz de Carlos Gardel que una noche dejó sus tangos sobre las tablas del viejo teatro.






Como un gran tablero de ajedrez las librerías van de cuadra en cuadra ante la mirada expectante de los buscadores de libros. Ateneo y Cúspide siguen la secuencia de proximidad, están las que se alinean en la avenida Corrientes con nombres tan seductores como Dickens, Antígona, Jekyll, Losada, Lucas o Luna, entre otras muchas. En la calle Esmeralda encontramos la Librería Anticuaria Helena y Poema 20. 
Una librería que merece una atención especial: la Librería de Ávila. La más antigua de la ciudad, se fundó a finales del siglo XVIII como Librería del Colegio, cercana a la Plaza de Mayo y, después de diferentes reconstrucciones arquitectónicas y de nombres, hoy es un apacible lugar donde libros nuevos se mezcla con el aroma a libros viejos, raros y primeras ediciones.



Pero es la calidez humana la que ahonda ese sentimiento hacia la ciudad. El encuentro con amigos, con conocidos, sobre todo de relaciones que devienen de este blog. Una tarde quedé para tomar un café con la artista y escritora Gilda Ledesma Blashett. La emotiva cita fue en el histórico Café Tortoni. 



Bastó la presentación para iniciar una charla como si la retomáramos del día anterior. Una mujer culta, inteligente, elegante, amable, simpática y, sobre todo, muy empeñada en mostrarme el Buenos Aires artístico, literario, de Cafés bohemios o especiales. Una artista que admiro en plano pictórico y en el literario. Esa misma tarde de martes me mostró la impresionante Colección de Arte de Amalia Lacroze Fortabat en Puerto Madero. Sin duda, con Gilda Ledesma Blashett, conté con una guía de lujo por sus salas. Una colección de obras de Arte argentino y de Arte internacional, que recorrimos entre comentarios, miradas de la artista y el bienestar emocional la contemplación pausada del arte. 
Después, un tranquilo paseo por Puerto Madero entre la nostalgia y la modernidad.





Paseo artístico que continuó el día siguiente cuando nos citamos a las puertas del Museo del pintor argentino Xul Solar que, lamentablemente, estaba cerrado por aquella fecha. No queda más remedio que regresar algún día y disfrutar de la obra de este significativo artista en la historia del arte. Pero el viajero siempre debe continuar su camino. Y nos fuimos al Café Cortázar.  










Después de este alto, entre mitómano y literario, entrañable y acogedor, Gilda me llevó al interesante Museo MALBA, un importante espacio donde se expone una valiosa colección de arte contemporáneo latinoamericano 





 

Nuevamente, supuso un feliz paseo por la pintura y la escultura. Y con la grata sorpresa de encontrar expuesta una fotografía de la artista argentina Alicia Penalba ante su escultura al aire libre Grande Cathédrale, en la Rambla de Santa Cruz de Tenerife.








Continuamos a pie por Libertador hacia el Museo Nacional de Bellas Artes. Un que reúne una d ellas mayores colecciones pictóricas y escultórica de América Latina 
 La tarde del miércoles concluyó en Recoleta, en el histórico Café de La Biela, frecuentado por artistas, cantantes, deportistas y escritores como Jorge Luis Borges, Bioy Casares o Ernesto Sábato. La noche y la luna bonaerense se asomaron a la terraza al aire libre donde compartimos buena charla y cena. 



 Gilda Ledesma Blashett en su incansable deseo de mostrarme la ciudad, me llevó al Centro Cultural Kichner, antiguo y espectacular edificio de Correo. 


Allí, además de admirar el interior y lo que aún queda de su antigua función, pudimos recorrer una exposición, Objetivo Mordzinsky: un viaje al corazón de la literatura hispanoamericana.




Más tarde, atravesamos la plaza contigua, jalonada con casetas con libros, hacia a la Casa Rosada, sede de la Presidencia del Gobierno de Argentina y donde tuve el honor de visitar su Museo. Una instalación anexa, que deja al descubierto los muros y cimientos de la antigua Aduana de Taylor y donde se expone la Historia del país a través de sus Presidentes y sus innumerables objetos históricos. 



La tarde y el lugar para la despedida de una excelente anfitriona a la que nunca agradeceré suficientemente, el tiempo, las charlas, los recorridos artísticos e históricos, fue en el lujos Café Faena. 
Mi actual mirada de Buenos Aires, si cabe, es más intensa y emocionada que antes, gracias a la artista y poeta Gilda Ledesma Blashett. A la que le deberé siempre este paseo por la piel artística y bohemia de la ciudad.


Con su entrañable óleo Gauachito, me despido de  Gilda hasta una próxima vez, para retomar paseos y charlas por la ciudad de Buenos Aires. Gracias amiga por tu generosidad, tu dedicación, tu erudita y cálida compañía.


Gauchito de Gilda Ledesma Blasehtt


Escuchaba Adiós Nonino por mis auriculares, cuando aterricé en el aeropuerto Aitor Piazzolla de Mar del Plata.



Cuando llegué a Necochea un crepúsculo arrebolado y luminoso le daba una atmósfera entre mágica y soñadora. Y mientras me dirigía en taxi a Quequén, pensé en Lebu la primera vez que visité esta ciudad chilena, cuna del poeta Gonzalo Rojas. Como en Lebu, discurría un hermosos río que desembocaba entre espectaculares playas de arena rubia. Cuando por fin recalé en Quequén, el ronroneo de las olas me causó un sereno bienestar. El mar para una isleña es como un barco para un naufrago: la salvación.




Me levanté temprano y me fui al mar, al reencuentro con las olas, con los azules salobres del océano y los dulzones del cielo salpicado de algunos cirros que se desperezaban. Una inmensa playa dorada, aún deshabitada, un paseo marítimo con miradores y  placas con poemas ganadores de los certámenes literarios del Centro Cultural Kemkem. 









Busqué el faro que se elevaba en una pequeña colina y me adentré por las calles de una ciudad que empezaba a conocer y que ahora ya es parte de mi patrimonio emocional. 







A media mañana, llegué a la casa del escritor, director del programa de radio Faro al Sur y Presidente del Jurado del I Certamen Literario Internacional Pleamar del Microrrelato Romántico, Juan Manuel Montero Lacasa. Allí nos conocimos y Ana María Centurión Cienfuegos me enseñó a tomar y cebar mate en una charla cálida, distendida que fue abriendo caminos y tendiendo puentes. Después del mediodía asistí con Juan Manuel Montero al programa Estamos en Contacto que conduce magníficamente Susana Rossi y Matute Altuna en La Radio FM 93.5. Una entrevista con Susana y Juan Manuel que fue una conversación enriquecedora, participativa, cercana. Y que discurrió como una charla entre amigos. Me sentí integrada y feliz desde el principio. Agradecer al programa y a todo el equipo su deferencia y trato en estas horas en Necochea y Quequén. Y a Tomás González Díaz, director de Mínima FM 97.9, que tuvo la generosidad de retransmitir el programa radiofónico, íntegramente, desde Tenerife 











El Centro Cultural Kemkem celebró la entrega de premios, en el Aula Magna de la Universidad Nacional del Centro de la Provincia de Buenos Aires, de los Certámenes de Poesía y Microrrelato: Malvinas Ayer, Hoy y Siempre, tributo a Andrés Mirwald y Certamen Literario Internacional Pleamar, tributo a Néstor Casablanca. 








Una concurrida sala donde se dieron cita, participantes, espectadores, familiares y amigos. Un acto emotivo donde se leyeron los poemas y los relatos ganadores. Debo reconocer que la emoción fue constante pero se agrandó en el instante en que subí a la palestra a recoger el premio y cuando lo dediqué a mi madre y a Arafo, Bórcor literario, y lugar donde aprendí a mirar al mundo y a escribir desde la Biblioteca Pública y la azotea de la casa familiar. 
Carlos Bonserio Carlomagno, Presidente del Centro Cultural Kemkem, me entregó el relato que será expuesto en una placa en un espacio público de Quequén. Comenzar la lectura de Luz de tango ante el público expectante no fue fácil. Leer un relato sobre tango en su patria, ante excelentes escritores y lectores argentinos, me causó un profundo sentimiento de vértigo y, a la vez, de felicidad por compartir letras en el país que tantas me ha dado. 
Conocer y conversar con el público y los participantes en los distintos certámenes fue parte importante y significativa del premio. Cuando salimos de la Universidad, Quequén era luz de luna. Inmensa y tímida detrás de la levedad de unos cirros se elevaba  más literaria que nunca, en un anochecer de letras y versos, de historias y sueños. De la lejanía de las tierras de procedencia a la cercanía de la palabra. Una amable velada con Ana María Centurión Cienfuegos y Juan Manuel Montero Lacasa, que guardaré en el recuerdo emocionado. En las palabras que junto al mar tendieron lazos entre las dos orillas atlánticas tan lejanas en lo geográfico y tan cercanas en los mapas de la palabra y del corazón
























Diana Ochandorena, directora del periódico Estilo Necochea, a la que agradezco su artículo y fotos, me entrevistó para su publicación.

También agradecer a Roberto Fredes su entrevista para un canal de televisión de Necochea. 





Juan Manuel Montero, director del magnífico programa cultural radiofónico Faro al Sur, que se emite todos los viernes de las 16:00 a las 18: 00, hora argentina, tuvo la amabilidad de mostrarme los lugares de Quequén y Necochea donde se ubican los poemas y relatos ganadores que, al aire libre y en placas de cemento, se ofrecen como soporte de lectura en avenidas o en el encantador y sugerente paseo marítimo, donde esa lectura se mezcla con el rumor del mar, el seseo de las olas y la brisa marina que trae el aroma a salitre.



 
Y donde Luz de tango venteará bajo el influjo del faro de Quequén.




Cuando el avión despegó del Aitor Piazzolla,  crepitaba en un rojo incendiado, como si la fundición de Vulcano se hubiera instalado esa tarde en Mar del Plata, como si el horizonte hubiera perfilado sus bordes de carmesí, como si el color del crepúsculo exhibiera mi alegre estado de ánimo.
Palermo, el barrio bonaerense más extenso, de cafés, restaurantes, tiendas de diseños, arte, librerías, etc., fue mi lugar de encuentro con el escritor argentino Pablo Di Marco. Autor de excelentes novelas como Espiral, Las horas derramadas (premio Ategua 2010) o Tríptico del desamparo. Un interesante encuentro en la Librería del Pasaje. Una librería que sólo el nombre nos animan, con un café, a perdernos por sus pasajes, trepar por sus escaleras de madera y sus estanterías repletas de sugerentes libros. Agradezco a Pablo Di Marco su deferencia, su tiempo y la enriquecedora conversación que mantuvimos sobre la literatura y sus aledaños, sus fascinaciones y sus laberintos, sus oportunidades y el anhelo siempre de conocer, de descubrir nueva y prometedoras lecturas. Gracias a Celia Corrons que, desde Valencia, nos puso en contacto.




El cielo lloraba mi última mañana en Buenos Aires. Tomé un taxi a Caminito. Quería despedirme allí d ella ciudad, no con un adiós sino con un hasta pronto. Fue un delicioso paseo bajo la lluvia por sus calles mojadas y el tango como banda sonora que se deslizaba entre mis pasos. Busqué en las esquinas jirones de relatos, frases para comenzar una novela, versos con los que formar un poema secreto. Mi andar quería seguir recorriendo La Boca pero antes de marcharme, me giré, contemplé Caminito y, en silencio, con los labios cerrados canté Volver 





Mi agradecimiento a todos los amigos de Argentina que me acompañaron aquellos días, a los que no pudieron desplazarse y me enviaron amables mensajes como Patricia Hauscarriaga, Luján Fraix..., a los que me llamaron al hotel, especial mención la cálida conversación  con Josefa del Valle Pizarro  que desde La Patagonia, tuvo la amabilidad y deferencia de telefonear y hablar largamente. Al Centro Cultural Kemkem y a su Presidente Carlos Bonserio Carlomagno, al programa Estamos en contacto de La Radio FM 95.3 y Susana Rossi, al escritor y Presidente del Jurado Juan Manuel Montero Lacasa. A Tomás González Díaz por la generosidad de emitir esta entrevista, desde Tenerife, por su emisora Mínima FM 97.9. 

A todos los que hicieron posible en Buenos Aires, Quequén y Necochea que este caminito a un sueño tuviera el más feliz de los despertares.
El telón no se cierra, continúa en los libros