Los parques públicos de Sarajevo, Mostar y otras ciudades de Bosnia-Herzegovina, están llenos de tumbas de jóvenes soldados —siempre permanecerán jóvenes— entre las que juegan los niños. Son los muertos de la ira. La noche de los cristales rotos con la quema de miles de libros, el saqueo de tiendas y secuestro de judíos, en la Alemania de 1938, marca el inicio de la ira colectiva, ruidosa, silenciosa o cómplice, que desembocará en el Holocausto. Los Tribunales de la Santa Inquisición practicaron la ira de la intolerancia. Los colonizadores llevaron a América la cólera de la avaricia y con ella la destrucción. Está la más temible: la oculta, la solapada, la que habita y se confunde con la envidia o los celos y se manifiesta de manera sutil e hiriente. Una palabra poco extensa en la forma pero insondable en el contenido. Se la puede categorizar, estructurar, organizar, codificar, analizar desde el punto de vista psicológico, psiquiátrico, sociológico, o lingüístico. Casi siempre, ligada a esa connotación que Séneca denominó como la pasión más sombría. Sin embargo, la ira posee, también, una vertiente catalizadora, capaz de actuar como una argamasa con la que edificar construcciones sólidas, estéticas y creativas.
Mostrando entradas con la etiqueta Peter Sloterdijk. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Peter Sloterdijk. Mostrar todas las entradas
sábado, 8 de enero de 2011
La ira necesaria
Los parques públicos de Sarajevo, Mostar y otras ciudades de Bosnia-Herzegovina, están llenos de tumbas de jóvenes soldados —siempre permanecerán jóvenes— entre las que juegan los niños. Son los muertos de la ira. La noche de los cristales rotos con la quema de miles de libros, el saqueo de tiendas y secuestro de judíos, en la Alemania de 1938, marca el inicio de la ira colectiva, ruidosa, silenciosa o cómplice, que desembocará en el Holocausto. Los Tribunales de la Santa Inquisición practicaron la ira de la intolerancia. Los colonizadores llevaron a América la cólera de la avaricia y con ella la destrucción. Está la más temible: la oculta, la solapada, la que habita y se confunde con la envidia o los celos y se manifiesta de manera sutil e hiriente. Una palabra poco extensa en la forma pero insondable en el contenido. Se la puede categorizar, estructurar, organizar, codificar, analizar desde el punto de vista psicológico, psiquiátrico, sociológico, o lingüístico. Casi siempre, ligada a esa connotación que Séneca denominó como la pasión más sombría. Sin embargo, la ira posee, también, una vertiente catalizadora, capaz de actuar como una argamasa con la que edificar construcciones sólidas, estéticas y creativas.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)