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sábado, 20 de julio de 2013

Despedida de mi ordenador





Primero fue una lluvia de acentos en diagonal. Siguieron líneas de agua en vertical. Y finalmente una pantalla azul con textura de escamas. El ordenador se despidió silencioso y se zambulló en su mar. Después de ocho años toca poner fin a una larga e intensa relación. Conoció mucho más de mí que yo de él pero, al menos, me quedan sus archivos que un amigo salvó antes de sumergirse definitivamente. Echaré de menos sus teclas, el gatito que iniciaba nuestras sesiones y el sonido de las noticias que llegaban. Y a quien me lo regaló decirle que fui muy feliz con él. He iniciado una nueva relación con otro ordenador, será conflictiva al principio y tengo la certeza que menos duradera. Pero estamos en esa deliciosa fase de descubrimiento.
La próxima semana publicaré un nuevo relato y espero ir visitando todos los espacios que tengo sin actualizar. 
Ya estoy navegando por los aires con mi nueva máquina. Vuelo rasante que me hace sentir como en la escena inolvidable de Memorias de África (Out of Africa)






domingo, 13 de noviembre de 2011

Recordadme en los libros que no leeré

La muerte ha sido generosa conmigo, me dio toda una vida para gastarla y ahora se ha cobrado su parte. No la odio, en realidad ni siquiera la conoceré. Todo lo que sé de ella lo he leído en los libros, la he visto en las películas filosóficas como esas que hacen los nórdicos, en las tragedias que resuenan en la caracola del tiempo desde el primigenio instante en que el hombre se dio por vivo. No estoy, fui y solo seré mientras alguno de ustedes me piense de vez en cuando. Puedo imaginármelos en estas últimas horas. Encuentros de unos con otros después de largos períodos sin verse, mintiéndose, que están iguales, que no han cambiado, incluso se atreverán a decir que es una pena lo de mi muerte, un hombre bien conservado y joven aún; tengo, tenía, setenta y cinco años, ¡cielos que se es joven a los veinte! Pero claro si ustedes aceptan mi senectud tendrían que admitir la vuestra, tamaño dislate. Como si así pudieran esquivar a la parca. No tuve inconveniente en rendirme ante los designios de la edad cuando las goletas singlaban desplegando sus velas hacia mí y mi mástil no izaba la bandera de guerra más allá de la botavara.