Primero fue una lluvia de acentos en diagonal. Siguieron líneas de agua en vertical. Y finalmente una pantalla azul con textura de escamas. El ordenador se despidió silencioso y se zambulló en su mar. Después de ocho años toca poner fin a una larga e intensa relación. Conoció mucho más de mí que yo de él pero, al menos, me quedan sus archivos que un amigo salvó antes de sumergirse definitivamente. Echaré de menos sus teclas, el gatito que iniciaba nuestras sesiones y el sonido de las noticias que llegaban. Y a quien me lo regaló decirle que fui muy feliz con él. He iniciado una nueva relación con otro ordenador, será conflictiva al principio y tengo la certeza que menos duradera. Pero estamos en esa deliciosa fase de descubrimiento.
La próxima semana publicaré un nuevo relato y espero ir visitando todos los espacios que tengo sin actualizar.
Ya estoy navegando por los aires con mi nueva máquina. Vuelo rasante que me hace sentir como en la escena inolvidable de Memorias de África (Out of Africa)
