La lluvia en los hoteles no tiene sonido. Se la ve cortando el aire o danzando al ritmo del viento. Abrillantando las fachadas de los edificios o entelando la noche. Y por más que aguzara el oído solo escuchaba las voces del pasillo. Terminé de retocarme la línea de los ojos y bajé a cenar. Me ofrecieron una mesa desde la que seguir contemplando el invierno. Mi rostro quedó suspendido frente a la calle y el ventanal me devolvió una expresión ausente y me sonreí. El carmín se expandió y mi cara pareció aligerarse de las valijas del pasado. Sentada en un archipiélago de mesas ocupadas o vacías, observé de soslayo al resto de los comensales. Allí se congregaban las parejas jóvenes y cómplices, las de mayor edad que comían en silencio y sin mirarse. No faltaba la familia bulliciosa, ni los huéspedes solitarios frente a su copa de vino. Brindé a la nada.
Mostrando entradas con la etiqueta hoteles. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta hoteles. Mostrar todas las entradas
domingo, 5 de febrero de 2012
El vigilante de los cielos
La lluvia en los hoteles no tiene sonido. Se la ve cortando el aire o danzando al ritmo del viento. Abrillantando las fachadas de los edificios o entelando la noche. Y por más que aguzara el oído solo escuchaba las voces del pasillo. Terminé de retocarme la línea de los ojos y bajé a cenar. Me ofrecieron una mesa desde la que seguir contemplando el invierno. Mi rostro quedó suspendido frente a la calle y el ventanal me devolvió una expresión ausente y me sonreí. El carmín se expandió y mi cara pareció aligerarse de las valijas del pasado. Sentada en un archipiélago de mesas ocupadas o vacías, observé de soslayo al resto de los comensales. Allí se congregaban las parejas jóvenes y cómplices, las de mayor edad que comían en silencio y sin mirarse. No faltaba la familia bulliciosa, ni los huéspedes solitarios frente a su copa de vino. Brindé a la nada.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)